Hoy el amigo Trecet nos ha amenizado la siesta con "Music of the spheres", último trabajo de Mike Oldfield, que saldrá a la venta el 18 de marzo, previa presentación en el marco incomparable del Guggenheim bilbaino. Antes de entrar en valoraciones, decir que el bueno de Campoviejo (Miquelet desde que se trasladó a Ibiza, según la entonación balear vista, por ejemplo, en "Yo") es uno de los nuestros desde siempre. De hecho, creo que su "Tubular Bells" (orquestal) es, junto al "Zoolook" de Jean Michel Jarre, el primer disco (bueno, "casete") que me compré de lechón. Le he seguido con atención intermitente desde entonces, pasmándome ante obras maestras como "Ommadawn", "Incantations" o mi preferida, "Amarok", y aburriéndome soberanamente con castañas como "Guitars", "Islands", "Tres lunas" o sus innumerables secuelas de "Tubular Bells". Sin embargo, siempre he admirado su condición contracorrientista, aquella que le hizo grabar una "pastoral americana" como "Hergest Ridge" tras el megaéxito de su ópera prima hace ya 35 años (todo un big bang en una época no tubular sino turbulenta, pringada de sinfonismos, progresivismos, rockismos y otros sonidos de asnos o unicornios similares. Este último trabajo al menos se salva de la quema de sus últimas castañas, gracias a un regreso a las melodías medio sinfónicas y una revisión de sus clásicos más seria y adulta que de costumbres. En ocasiones parece un "Tubular Bells 4" o unos jingles de un aprendiz de John Williams o Hans Zimmer, pero los arreglos de Karl Jenkins y el cuidado instrumental hace que el trabajo se aguante más o menos con algo parecido al placer. A estas alturas del partido, Oldfield no tiene mucho que demostrar, pero precisamente ese actitud poltronera es la que está haciendo que la música actual sea una boñiga temerosa de la piratería y orientada a los politonos móviles. Sé que no soy el más indicado para criticarla, porque solo oigo Radio 3 en el coche y algunas emisoras jazzísticas francesas en el dial 308 de Digital +, pero tampoco soy un "orejas de trapo", siguiendo la terminología oldfiliana. En fin, siempre nos quedarán los clásicos. Y Dylan, claro. Buen fin de semana.
viernes 8 de febrero de 2008
LE SIGUEN LLAMANDO MIQUELET (CAMPOVIEJO)
Hoy el amigo Trecet nos ha amenizado la siesta con "Music of the spheres", último trabajo de Mike Oldfield, que saldrá a la venta el 18 de marzo, previa presentación en el marco incomparable del Guggenheim bilbaino. Antes de entrar en valoraciones, decir que el bueno de Campoviejo (Miquelet desde que se trasladó a Ibiza, según la entonación balear vista, por ejemplo, en "Yo") es uno de los nuestros desde siempre. De hecho, creo que su "Tubular Bells" (orquestal) es, junto al "Zoolook" de Jean Michel Jarre, el primer disco (bueno, "casete") que me compré de lechón. Le he seguido con atención intermitente desde entonces, pasmándome ante obras maestras como "Ommadawn", "Incantations" o mi preferida, "Amarok", y aburriéndome soberanamente con castañas como "Guitars", "Islands", "Tres lunas" o sus innumerables secuelas de "Tubular Bells". Sin embargo, siempre he admirado su condición contracorrientista, aquella que le hizo grabar una "pastoral americana" como "Hergest Ridge" tras el megaéxito de su ópera prima hace ya 35 años (todo un big bang en una época no tubular sino turbulenta, pringada de sinfonismos, progresivismos, rockismos y otros sonidos de asnos o unicornios similares. Este último trabajo al menos se salva de la quema de sus últimas castañas, gracias a un regreso a las melodías medio sinfónicas y una revisión de sus clásicos más seria y adulta que de costumbres. En ocasiones parece un "Tubular Bells 4" o unos jingles de un aprendiz de John Williams o Hans Zimmer, pero los arreglos de Karl Jenkins y el cuidado instrumental hace que el trabajo se aguante más o menos con algo parecido al placer. A estas alturas del partido, Oldfield no tiene mucho que demostrar, pero precisamente ese actitud poltronera es la que está haciendo que la música actual sea una boñiga temerosa de la piratería y orientada a los politonos móviles. Sé que no soy el más indicado para criticarla, porque solo oigo Radio 3 en el coche y algunas emisoras jazzísticas francesas en el dial 308 de Digital +, pero tampoco soy un "orejas de trapo", siguiendo la terminología oldfiliana. En fin, siempre nos quedarán los clásicos. Y Dylan, claro. Buen fin de semana.
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4 comentarios:
Bajado, escuchado y requeteescuchado estos días de atrás en la M-30... tengo mi valotración propia de la música esférica... en sus pantallas, en mi web personal.
Miguel Campoviejo, el último gran genio compositor e intérprete de la historia de la música clásica (o de la música a secas).
PD. Mi primera gran experiencia auditiva se la debo al Tubular Bells, donde está todo.
Hola amigos, ¿qué tal? Genial, mostoman, ahora corro a tu blog para leer tus sin duda sabios comentarios. Paciente, tienes razón, todo está en TB, aunque también discos "menores" como Crisis o QE2 están muy majos, este fin de semana los he "reaudicionado", je, je. Saludos
Crisis, ¡qué grande, si señor!
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